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Degustación de un elixir excelso

18:56 hrs.

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Nos platicaba Eduardo Orendain Giovanini, fabricante de tequila en tercera generación, que cuando decidió seguir el oficio de su abuelo y su padre, lo primero que buscó fue un emblema que fuese en sí mismo el símbolo de su empresa; así nació Arette, antes de que surgiera el tequila que llevaría su nombre. Ignoramos si también buscaba  que el nombre encerrara en sus signos la filosofía de su empeño: ARetTE: Arte en la manufactura de un destilado que, como el mismo lo explicó durante la degustación de sus tequilas: todos provienen de la misma planta, misma que es cosechada a su tiempo; cocida de manera similar y transformada en mosto. Hasta aquí todos los tequilas son similares. El arte comienza con el proceso de destilación y continúa con la maduración. Este último proceso en la fabricación de tequila es lo que hace un producto diferente de otro.

Tequila Arette ha estado en el mercado durante muchos años; suficientes para haber alcanzado un merecido prestigio en el gusto de los conocedores. En esta ocasión quiso hacer una degustación privada a un pequeño número de invitados especiales, para presentar un producto mejorado; Tequila artesanal suave en presentación de: Blanco, Reposado, Añejo y Extra Añejo, todos con 38 grados de alcohol y una nobleza, aroma y gusto como el  mejor de los tequilas.
¿Por qué Arette? Se le preguntó. “Fue el nombre de un caballo campeón que montado por el general Mariles ganó en las olimpiadas de Londres <1948> la primera medalla de oro para México. La nobleza que es el símbolo del equino y la persistencia que es la característica del jinete en una competencia hípica, nos inspiró para adoptar el nombre del caballo para nuestro tequila”.

La reunión se inició con una degustación de quesos finos de tipo europeo de la casa Ques Art hechos en Atotonilco, otra zona tequilera en Jalisco, lugar que visitaran recientemente los socios de La Chaine de Rotisseurs, para otro saboreamiento similar: quesos y tequila. Una vez reunidos los invitados nuestro anfitrión Mike Pohl de la Hacienda Alemana presentó a Eduardo Orendain quien procedió a explicar no sólo el proceso que sigue en la fabricación de sus productos sino la degustación misma haciendo resaltar las virtudes y características de cada uno de los tequilas presentados, para lo cual se usaron copas especiales con el propósito de beneficiarse del bouquet y aromas propios del licor. Aún cuando la fugaz encuesta entre los asistentes votó por las virtudes del “blanco”, la calidad exuberante del extra añejo cautivó a propios y extraños, pues la “finesse” encontrada solo sería comparable a la de un buen coñac; licor aromático y seco que jamás acusa con vicio su larga vida en barricas de madera.

Un menú en base a platos de la cocina mexicana siguió a la degustación y estos fueron acompañados por los mismos tequilas hasta el final.

El añejo axioma de que la competencia hace la excelencia se ha probado una vez más, pues mientras el mercado se inunda de tequilas de todos “colores y sabores”, algunos con la inocultable intención de vender botellas en lugar de contenidos, los tequilas honestos que siguen haciendo los viejos tequileros de Jalisco mantienen su primacía en el gusto de los cada vez mas conocedores.

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